A día de hoy, España es la primera productora de aceitunas del mundo. Sí, somos la mayor productora de uno de los alimentos más sanos que existen y del que se obtiene mediante su prensado el aceite de oliva, el oro líquido.

Aparte de sus excelsas características sensoriales y organolépticas, no nos faltan evidencias científicas que pongan en valor tanto el consumo del AOVE y la aceituna, como el uso de este aceite para la cocina. El consumo de AOVE como una de las principales fuentes de grasas saludables en nuestra dieta está íntimamente relacionado con un menor riesgo de aterosclerosis y enfermedades cardiovasculares (estudio), mejores marcadores de inflamación crónica de bajo grado (estudio, estudio) e incluso potenciales beneficios para la salud cerebral (estudio ), lo que puede que en parte se explique por la necesidad de tu cerebro de consumir grasas altas en Omega 3 para el correcto mantenimiento y desarrollo de su estructura y funciones.

 Cada día que pasa, la lista de beneficios atribuidos al AOVE va creciendo. Además, cabe añadir la tendencia al alza de no solo usar el aceite de oliva con fines culinarios, sino también como producto de belleza o cuidado de la piel.

Verdades que duelen

Todo lo anteriormente expuesto lo sabemos de sobra, pero cae en el olvido cuando un chef de nuestro agrado sale en televisión y nos dice que para hacer una mahonesa o hacer un bizcocho se debe utilizar aceite de girasol… y puede que el chef sea andaluz. Un atentado contra nuestra tierra. Entre todos, sin darnos cuenta, estamos matando nuestros olivares.

Quizás nos estamos acostumbrando demasiado a ver personajes en televisión que nos digan qué es bueno o no para nuestra alimentación y peor todavía, para nuestra salud. Como aquel cocinero que asegura que unas pastillas de caldo son lo mejor para tener un plato rico, rico. O al famoso actor o presentadora que tienen el yogurt ideal. Evangelizadores modernos.

Cuando el consumidor no sabe cómo debe comer o cocinar sus productos (se suelen dar las dos premisas a la vez), la relación con la comida se vuelve tóxica, tanto para la salud como para el disfrute sensorial. Con el aceite, en especial, se suele menospreciar el conocer sus características, beneficios, y más importante aún, sus usos y variedades. Un español, y más si cabe un andaluz, no puede desperdiciar el privilegio de nacer en la cuna de la dieta mediterránea. Y lo mismo está pasando con muchos alimentos saludables, como el jamón serrano, que se quiere equiparar a unos cereales procesados por culpa de etiquetas desinformadoras.

Nutriscore: la alimentación en colores

Actualmente, en un mal intento desesperado de nuestros políticos y dirigentes de volver a instaurar los hábitos de alimentación saludable de nuestros abuelos, tratan de implementar un modelo importado desde Reino Unido, basado en  colores llamado NutriScore, determinando (erróneamente) los valores nutricionales de cada producto.

NutriScore es un sistema de etiquetado FOP (Front Of Package) en el que se asigna un valor de la A a la E (donde la A es un producto de muy buen valor nutricional y E de muy malo) tratando de facilitar la elección de productos saludables; el problema es que no hay nada más lejos de la realidad.

                Como ya hemos comentado en anteriores artículos, tratar de evaluar alimentos como buenos o malos sin atender al contexto individual de cada sujeto es el mayor sinsentido nutricional. Además, concretamente el etiquetado NutriScore deja fuera de su algoritmo valores importantes como el tamaño de la ración (no es lícito comparar 100g de AOVE con 100g de un refresco) o el grado de procesamiento. Las calorías importan, pero fuera de su contexto y matriz nutricional no son más que números vacíos.

Dicho esto, cabe destacar que pese a la infinita incompetencia y mala praxis política, no todo es culpa de los ministros ni las grandes empresas alimentarias. La población, progresivamente, ha optado por dejar de utilizar el sentido común para ver qué es bueno para la salud.

Apps que no atienden al contexto individual, mensajes vacíos por parte de las entidades sanitarias que solo causan desinformación,   etiquetados cada vez más incomprensibles y turbios con los que empresas y dirigentes se llenan los bolsillos a costa de nuestra salud y ahora, etiquetas de colores, con las que se enriquecen por decirnos qué podemos comer y qué no, todo en base a su criterio político-económico personal. Estos dibujos nos recuerdan a nuestros primeros años de enseñanza en la escuela, pero con un macabro trasfondo. Si está en verde te lo puedes comer, pero si está en rojo igual no deberías. Entonces, ¿por qué se permite su distribución? Parece que juegan con nuestras vidas.

La buena noticia…

Es que aunque en nuestras tierras, llenas de olivares los agricultores miran como una sociedad cada día más moderna, llevada por la tecnología, los arrincona y les dice que su producto no es verde, sino naranja, ningún etiquetado podrá bajar el valor intrínseco de la aceituna española y andaluza.

España es el más grande y mejor olivar del mundo. No producimos aceite de girasol, ni de palma, ni de colza ni de sésamo. De oliva, virgen extra. Tenemos el mejor producto en nuestras manos. Al lado de casa.

Si quieres llevar una vida saludable y no sabes cómo, ponte en manos de un buen profesional. Cuando te mande consumir tu ración diaria de aceite de oliva virgen extra, aquí estaremos, en Epulum, para ofrecerte el mejor del mundo…al mejor precio del mundo.

Matando nuestros olivares